lunes, 3 de marzo de 2025

El liderazgo político: reflexiones sobre sus características

El liderazgo actual atraviesa un problema fundamental, el del desencuentro profundo entre los políticos y sus pueblos; la tendencia de los políticos es a armar su agenda situados alrededor de los intereses de grupos o cúpulas como se les llama y sin ningún rumbo o proyecto. Un segundo problema es que, toda gobernabilidad requiere un liderazgo con visión, legítimo y capaz de resolver conflictos. Ninguna de estas características tenemos en nuestros gobiernos ni en los líderes de los partidos u organizaciones. La ingobernabilidad tal como la vivimos en algunos estados y en el país tiene que ver con estos dos factores, el desencuentro con la amplia audiencia ciudadana y la ausencia de liderazgo. ¿Qué significa la gobernabilidad? Entendemos a esta como la capacidad para enfrentar los retos y las oportunidades específicos que se nos plantean. La gobernabilidad es la capacidad de un gobierno para saber mantener un equilibrio y una sana relación entre el sistema institucional, las capacidades de los actores políticos, económicos y sociales y finalmente la capacidad transformacional de los liderazgos. La gobernabilidad es crear valor no solo en el sentido de la satisfacción individual -materialmente hablando -, sino en la forma en cómo se establecerá la nueva arquitectura social en la que los individuos y grupos buscaran su utilidad. Por eso la gobernabilidad requiere de estrategias de creación de capacidades para movilizar y orientar a la sociedad a una nueva cultura política del cual se desprendan las acciones en que esta pueda enfrentar los retos de manera colectiva. El liderazgo es una parte vital para el cambio institucional, plantea que este significa “Movilizar a la gente para que enfrente sus problemas, encare decisiones dolorosas y aprenda nuevas formas de ser.” Es claro que un liderazgo que sea capaz de transformar a las instituciones exige, en primer lugar, visión. La formulación de la visión requiere a). La comprensión de los intereses a corto y largo plazo de un amplio espectro de actores sociales; b). Una percepción afinada de los equilibrios implicados en los arreglos institucionales vigentes; c). Conciencia suficiente de los impactos que las tendencias y fuerzas van a tener sobre la sociedad y sus principales actores. Lo decisivo no es que la visión sea innovativa, sino que conecte con los intereses y motivaciones de amplias audiencias (Kotter, 1990). En segundo lugar, todo liderazgo requiere legitimidad. La legitimidad es lo que permite que funcione una comunicación efectiva entre el liderazgo y sus audiencias, se han construido liderazgos legítimos no porque tengan la habilidad de comunicar sino porque son creíbles y confiables ante sus audiencias. Es decir, no solo son factores personales los generadores de la confianza y la credibilidad en un líder, sino que son producto de las percepciones sociales ante las consistencias entre el discurso, las acciones y resultados. Otro factor importante en el líder es su capacidad para tratar adecuadamente los conflictos. El conflicto puede ser un estímulo, un desafío al proceso de aprendizaje. Desarrollo en el sentido de convertir toda demanda, todo valor y motivaciones conflictivas en curso de acción coherente. Desde esta perspectiva es urgente modificar nuestras formas de situar a los liderazgos versus autoridad. La autoridad es formal, es un pacto. La autoridad se instala a través de un pacto y para la demanda de un servicio expresado en un mandato. Todos los gobiernos electos por la vía electoral son autoridades formales. Sin embargo, antes de ser autoridades formales son autoridades informales, es decir, ejercen el liderazgo para atraer votantes y cuando llegan a ser autoridades formales deberían seguir ejerciendo la influencia de líderes, situación que pocas veces sucede, lo cual refleja una decadencia en el poder y en el ejercicio del liderazgo. ¿Dónde radica el problema? El problema radica en la pérdida de legitimidad de los liderazgos. Actualmente los liderazgos han perdido rumbo porque han legitimado los actos de corrupción, de depredación y del cinismo, se perpetúan en el poder. De esta manera los liderazgos son legitimados por la vía electoral (es decir, cumplen su función como autoridad socialmente hablando) pero ilegítimos en cuanto se trata de poner las ideas o los mandatos en el marco de las necesidades y exigencias de esta. Finalmente, una posible transformación de la sociedad es depositar en las tareas de los ciudadanos el ejercicio del liderazgo sin que medien exigencias de carácter electoral, sino una visión de las necesidades sociales.

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