domingo, 11 de marzo de 2012

La historia del sapo y la princesa



 
Hubo una vez un sapo que pasaba las noches mirando solitario las estrellas, cerca de un lago. Las miraba como queriéndolas alcanzar, nadie sabe que este esfuerzo de querer alcanzar algo evade la conciencia de no percatarse de los limites. Las estrellas platicaban con el sapo y pasado el tiempo en que ambos acordaron seguir mirándose para saber como alcanzarse, resultó que el sapo podría brincar y las estrellas brillar. Pasaron los años y el sapo luchaba intensamente con sus brincos por alcanzar a las estrellas, pero ellas estaban tan lejos que era difícil llegar a ellas. Fue entonces que entre tantos brincos el sapo llegó a una mansión vieja y descubrió que allí vivía una princesa. Al conocerla, el sapo iba todas las noches a cantarle viejas canciones de amor, pero la princesa parecía absorta en otras miles de cosas que no podía atender las canciones de un animal tan feo como él. Entre tanto ir y venir el sapo se fue envejeciendo, su cuerpo castigado por el correr del tiempo, los desvelos, sus ojos cansados, sus sueños, sus desventuras lo fueron haciendo mas feo. Una noche cuando el sapo regresaba de un viaje largo y cansado y triste porque la princesa no hacia caso de él, apesumbrado por tal situación, miró las estrellas y el reflejo de una de ellas en sus pequeños ojos iluminaron una reflexión. Encontró porque no había podido alcanzar el amor de la princesa; la princesa amaba las noches y el cielo estrellado desde su balcón, amaba el silencio de si misma, el susurro del viento, amaba la impasibilidad de su propio cuerpo ante un silencio que no se queja y grita. La princesa conocía el amor porque siempre lo esperaba en el silencio, soñándolo. El sapo nunca pudo conocer el amor porque lo buscaba afanosamente en la vida. Hay una diferencia entre amar y vivir, el sapo lo buscaba, la princesa lo esperaba, pero mientras uno lo busca y otro lo espera, ambos viven en el sueño ideal de alcanzarlo, es una ilusión, es como querer atrapar una sombra. Desde entonces el sapo sigue viviendo y ha encontrado el amor otorgándoselo a las cosas que hace, mientras que la princesa espera y espera, conociendo el amor en la dulce ilusión de que algún  día llegará.

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